En la Costa Caribe de Colombia, como parte de los territorios sagrados de las Sierra Nevada de Santa Marta, se encuentra un destino con el que miles de viajeros de todo el mundo han soñado o todavía sueñan visitar: el Parque Nacional Tayrona.

Actualmente, los indígenas tairona ya no habitan estas tierras, aunque todavía se asientan en diferentes puntos de la Sierra Nevada como la misteriosa Ciudad Perdida.

Es el sistema de Parques Nacionales de Colombia quien está a cargo de administrar, preservar y controlar el acceso a esta área; tarea difícil cuando cada vez más turistas llegan hasta sus playas, bosques y senderos, muchas veces sin conocer la historia del lugar y de su pueblo.

No es necesario indagar mucho. Basta con saber que sus deslumbrantes playas de arena clara y aguas azuladas, fueron en la antigüedad sitios sagrados de pagamento a la tierra para los indígenas de la región; que sus más antiguos senderos conforman una red de caminos que comunicaba a las cuatro diferentes etnias nativas de la Sierra, o que entre sus límites se encuentran diversos sitios sagrados y devocionales, para hacerse una idea del tipo de turismo que es posible realizar aquí.

Y es que si bien todos quienes visitamos el PNN Tayrona nos quedamos inmersos, con o sin quererlo, en una profunda actitud contemplativa, podemos ir un poco más allá. Conocer medianamente bien este territorio, toma algunos días durante los cuales no estará precisamente descansando, pero sí entendiendo por qué los tairona hicieron de éste su hogar durante cientos de años.


Foto: Semana

Hay cuatro ingresos oficiales al Parque y el más común es El Zaino. Desde su entrada, muy cerca de la carretera, se camina alrededor de una hora para llegar a la playa más cercana que es Cañaveral.

Desde allí puedes llegar a otras costas del este como Arrecifes, la Piscina, Cabo San Juan y Playa Nudista. También encontrarás algunas opciones de hospedaje, que van desde zonas de camping o alquiler de hamacas, hasta lujosas cabañas con todo incluido. Sin embargo, ya que el costo de contar con buenas instalaciones, comida fresca y servicios básico es alto en comparación con otros destinos del Caribe Colombiano, deberás planificar tu presupuesto con anticipación para que no te falte nada.

Desde cualquiera de estas playas se pueden realizar caminatas para visitar sitios de interés cultural. El más cercano es el Museo Arqueológico, una opción ideal para comenzar su visita conociendo más sobre la historia de los tairona y de la región. Caminando hacia el oeste encontrará a Pueblito Chairama, un antiguo asentamiento humano donde se calcula que habitaban unas 3.000 personas.

Visitarlo es toda una experiencia. Luego de caminar durante por lo menos una hora, escalando grandes rocas y sorteando algunas trampas naturales que el paso del tiempo ha dejado en el sendero, se llega a este pequeño pueblo enclavado en medio de naturaleza, cantos de pájaros y el sonido omnipresente del riachuelo que lo atraviesa.

Puede realizar el viaje con un guía que le explique más sobre las dinámicas que tenían lugar en los vestigios de Chairama, o subir por su cuenta, descubrir sus diferentes rincones e imaginar la historia.

Otro ingreso peatonal es por Calabazo, desde donde se llega directamente a Cabo San Juan luego de una caminata de cerca de dos horas. A sus alrededores encontrará los mismos atractivos a los que se llega desde el Zaino, pero las distancias cambian. 

Pero si no estás de ánimo o en condiciones para emprender largas caminatas con equipaje en hombros y en un clima cálido y húmedo, puedes optar por el ingreso vía marítima o terrestre.

Desde Taganga salen lanchas periódicamente que te llevan hasta Bahía Concha, donde podrás pasar un día tranquilo, bucear en sus costas y visitar la cercana Isla Aguja.

Y si prefieres tener más opciones, toma la vía Troncal Caribe hacia Riohacha y por el desvío a Palangana llegarás a Bahía Neguanje. Aquí encontrarás estas mismas actividades, más la posibilidad de conocer manglares y lagunas, hacer avistamiento de aves o visitar algunos sitios sagrados.

Aunque es una lástima que estos territorios ancestrales ya no cobijen la cotidianidad de la cultura tairona y sus etnias hermanas, siguen siendo un santuario de vida para los diversos ecosistemas que florecen en sus miles de hectáreas.

La preservación del Parque Nacional Tayrona y de la Sierra Nevada de Santa Marta, es una responsabilidad de todos quienes la visitamos. Sobre todo si pequeñas acciones como interesarnos por el contexto sociocultural e histórico del lugar, nos pueden llevar a dejar una huella positiva durante nuestra visita, además de disfrutar de una experiencia mucho más holística.